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2018-10-01    09:39:06

Tania Bruguera, artista vetada en Cuba, llega a galería Tate de Londres

Por Marcela Gutiérrez Bobadilla. Corresponsal

Londres, 1 Oct (Notimex).- La artista y activista cubana Tania Bruguera, quien está vetada en Cuba por su arte, presenta en la galería Tate Modern de esta ciudad una serie de instalaciones que evocan la inmigración y la colaboración humana.

La artista, quien expuso recientemente en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de México intervino la enorme sala de turbinas (Turbine Hall), un espacio de 155 metros de longitud y 23 metros de ancho.

En entrevista con Notimex, Bruguera aseguró que el arte y la política están estrechamente ligados y que no pueden dividirse.

“Mi experiencia personal es política y mi experiencia política es mi arte, no hay una división. Por ejemplo en este momento no puedo hacer arte en Cuba. Tengo prohibido exhibir en todas las instituciones de arte en Cuba, no me recibe nadie”, señaló.

Desde temprano decenas de personas comenzaron a interactuar con el espacio público sentadas en el piso ya que el calor humano puede activar el rostro de un inmigrante sirio que llegó a Londres en 2011.

El retrato de gran escala habla de la colaboración entre individuos ya que se requiere de cientos de ellos -quizá unos 300, aunque no hay un número mágico- para la casi imposible tarea de revelar el retrato humano en el suelo.

Su más reciente instalación, que cada cada año Hyundai comisiona a un artista contemporáneo, es una referencia a la inmigración y a la colaboración.

“La idea es que la gente pase y deje su impresión en el suelo. Hay muchos elementos disruptivos. La idea del sonido es que hace que se mueva la institución porque en estos momentos con todos los nacionalismos, con Trump, con lo que está pasando con la migración, la gente ya no tiene fe en las instituciones”, explicó.

El sonido que reverbera y ensordece de manera intermitente en el espacio abierto es una metáfora de que las instituciones deben sacudirse para que funcionen.

La artista que está comprometida con temas relacionados con la inmigración, el poder institucional, las fronteras, la represión política y los derechos humanos, puede trabajar en Nueva York, China, México, Londres y próximamente Suecia, pero en Cuba su arte está prohibido.

“Por ejemplo cada vez que yo entro a Cuba me paran a la entrada y a la salida para hacerme interrogatorios. Hay una campaña muy grande en contra mía donde los periódicos nacionales me ponen como si yo fuera una persona pagada por otro gobierno para hacer lo que hago”, externó Bruguera.

La activista es conocida por encabezar una campaña contra el decreto 349 que obliga a los artistas cubanos a pedir un permiso del gobierno para realizar actividades artísticas.

“Es una situación incómoda, pero más jóvenes artistas se están sumando a esta lucha y al decreto 349 y esperemos que también más adelante a un aspecto de la Constitución cubana que regula qué tipo de arte es apropiado”.

Bruguera, quien durante su estancia colabora con el proyecto “Vecinos” que viven cerca de la Tate Modern ubicada a orillas del río Támesis, señaló que es un momento “difícil” para ella y la comunidad artística cubana.

“Para mí es muy difícil porque en este momento el gobierno de Cuba es un gobierno que toda persona que le haga una pregunta incómoda -olvídate de la crítica- se convierte en un enemigo del Estado”, denunció.

La única razón por la que Bruguera puede entrar a Cuba es porque tiene el pasaporte cubano, pero conoce a amigos con nacionalidad doble que han criticado al gobierno y que por tener doble ciudadanía han sido deportados.

“En Cuba quien haga un comentario en Facebook criticando al gobierno puede ser deportado. En ese nivel estamos”, acusó Bruguera.

El título de la obra “10,142,926” hace referencia al número de personas que emigraron durante un año y los que murieron en el intento, según cifras de la Organización Internacional para las Migraciones asociada a las Naciones Unidas.

“Yo lo que trato de traer es esa esperanza y ese humanismo que yo creo que una vez existió y traerlo a otros lugares y ver qué sucede con eso”, aseguró Bruguera.

Su arte provocativo, simbólico y altamente político ha dado la vuelta al mundo y hoy le toca de nueva cuenta a la Tate Modern, que cada año recibe a más de cinco millones 600 mil visitantes.




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